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UADY

Maestría en producción y dirección de proyectos culturales y artísticos

A lo largo del siglo XX, en el ámbito cultural en México, los agentes se fueron especializando paulatinamente: el creador, el crítico, el galerista, los investigadores. Cada uno de ellos ha tenido una participación distinta, con ciertas competencias profesionales específicas que los hace diferenciarse en su formación, aunque todos compartan ciertos conocimientos y habilidades que los caracterizan como agentes de un mismo campo. En este contexto, surgen los profesionales de la gestión, difusión y mediación del arte y la cultura. Estos especialistas se han venido formando en la práctica en su trabajo en instituciones gubernamentales, educativas y en organizaciones de la iniciativa privada y comunitaria. A partir de la experiencia laboral y retomando elementos de otras disciplinas, se fueron conformando “metodologías”, “definiciones” y “visiones” de qué es y cómo hacer el trabajo cultural. Desde el último tercio del siglo XX se ha estado consolidando un proceso de profesionalización de los mediadores culturales consistente en la creación de un campo disciplinar propio y el reconocimiento social y legal de un profesional que logra distinguirse de otros agentes del campo cultural y cuyo actuar está siendo considerado como necesario en la organización social de la cultura. Este proceso de autorreconocimiento y reconocimiento social de la mediación cultural como una profesión no puede ser vista como una historia lineal evolutiva, sino como un conjunto de acciones realizadas por diversos agentes que, en ocasiones, confluyen, pero también difieren y se contraponen (organismos internacionales, instituciones gubernamentales, Universidades, asociaciones civiles). Sin duda, en las últimas dos décadas hemos sido testigos del surgimiento exponencial de programas universitarios dedicados a formar académicamente a los gestores culturales. Sin embargo, en nuestra región aún está en proceso la consolidación de un campo disciplinar que logre definir, articular y generar un corpus de saberes y metodologías que puedan ser identificadas por otros profesionales como propias de la mediación cultural. Esto implica no sólo fortalecer el aspecto de la docencia, sino también de la práctica y sistematización de las experiencias de los mediadores culturales e incluso de los alcances, tendencias e impacto de las mismas estrategias de formación que ya se han venido implementando. Esto último es trascendente porque gran parte de las iniciativas y acciones de formación en mediación cultural han sido parte de los discursos de los gobiernos de los países latinoamericanos y de organismos internacionales (como la Organización de Estados Iberoamericanos) que suelen importar modelos sin considerar y reconocer los saberes y necesidades locales.

Otros dos elementos que debemos considerar en los procesos analizados son: por una parte, el reconocimiento del Estado y la iniciativa privada de nuestra profesión, el cual tiene impacto en el ámbito laboral, normativo y económico; esto es, la delimitación de perfiles de puestos acordes con las funciones actuales que puede desempeñar el profesional en mediación cultural; el reconocimiento social de que es un trabajo especializado y debe ser bien remunerado (que no se trabaja “por amor al arte”); y la generación de normativas y lineamientos para que sean estos profesionales quienes ocupen puestos de trabajo. Por otra parte, el valor y la importancia de las prácticas culturales en las comunidades, territorios y naciones del mundo, como espacios de creatividad, de encuentro, de desarrollo económico y de ejercicio de la democracia, manifiestan que la cultura posee un papel relevante en la sociedad actual. Esta importancia de la cultura genera la necesidad de formación en el área de la mediación cultural, desde la perspectiva de crear políticas culturales públicas, y el direccionamiento de espacios y procesos que puedan optimizar la mediación de lo cultural desde una perspectiva incluyente, con la preparación adecuada de los actores y agentes sociales encargados de liderar los procesos de desarrollo locales, nacionales y regionales. Para esto, se requiere que los agentes de la cultura de instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil, conozcan y pongan en práctica los proyectos culturales al servicio del progreso social como requisito indispensable de la mediación moderna. La mediación cultural debe pretender la integración y la construcción futura de proyectos en todos los espacios sociales, articulando la lucha contra la injusticia y la exclusión por el progreso, la reivindicación y la inclusión de todos y todas. Por eso hablamos de utopías creadoras, que han de convertirse en realidades transformadoras donde esté presente el sentido histórico de la utopía; quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy, construyendo consensos y articulaciones regionales.

El plan de estudios se encuentra actualmente en proceso de aprobación para comenzar en 2025.


UADY Virtual

Entidad financiadora

Dirección General de Educación y Cultura - EACEA

(Agencia Ejecutiva en el Ámbito Educativo, Audiovisual y Cultural) - Unión Europea.

Programa y subprograma

Acción Erasmus: Desarrollo de Capacidades en Educación Superior (CBHE)

K2 - Cooperación para la innovación e intercambio de buenas prácticas.

Código (número de solicitud)

617486-EPP-1-2020-1-ES-EPPKA2-CBHE-JP

Duración

36 meses (01/15/2021 a 01/14/2024)

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